Environmental Democracy as a Procedural Right: From the Aarhus Convention to the Escazú Agreement and Their Reception in Puerto Rico
Abstract
This Article traces the evolution of procedural environmental rights from Principle 10 of the 1992 Rio Declaration through the 1998 Aarhus Convention in Europe, to the 2018 Escazú Agreement in Latin America, and finally to their sub-national reception in Puerto Rico and selected U.S. states. Combining comparative treaty analysis, case-law synthesis, and original docket data, it argues that well-designed transparency and participation regimes hasten—rather than hinder—decarbonization by surfacing design flaws early and distributing litigation risk more effectively. The study demonstrates how Puerto Rico’s universal-standing experiment, when paired with enforceable disclosure deadlines and cost shields, provides a legislative template that any U.S. jurisdiction can adopt without conflicting with Article III or federal preemption. A concluding research agenda proposes metrics for testing whether stronger procedure yields measurable ecological and grid-reliability gains.
Este artículo reconstruye la evolución de los derechos procesales ambientales desde el Principio 10 de la Declaración de Río de 1992, pasando por el Convenio de Aarhus de 1998 en Europa, hasta el Acuerdo de Escazú de 2018 en América Latina y su recepción subnacional en Puerto Rico y varios estados de EE. UU. A partir de un análisis comparado de tratados, jurisprudencia y datos inéditos de expedientes administrativos, se sostiene que regímenes bien diseñados de transparencia y participación aceleran—en lugar de retrasar—la descarbonización al revelar fallas de diseño en fases tempranas y al distribuir el riesgo litigioso. El experimento de Puerto Rico con legitimación procesal universal, combinado con plazos obligatorios de divulgación y mecanismos de protección de costos, ofrece un modelo legislativo que cualquier jurisdicción estadounidense puede adoptar sin chocar con el Artículo III ni con la pre-empción federal. El trabajo concluye con una agenda de investigación que propone métricas para comprobar si los derechos procesales robustos mejoran de forma verificable la calidad ambiental y la fiabilidad de la red eléctrica.
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